23.2.12

So many miles and so long since I've met you.


Y luego te da coraje porque quieres hacer todas esas cosas en un solo día y no te alcanza el tiempo, y te sientes enojada porque si tienes tanto, ¿a dónde se va cuándo lo necesitas?
Pero la perspectiva de salir y sentir la tierra en tu rostro, ver las mismas calles sucias bajo el mismo cielo gris, hace que tengas que aguantar la respiración para que tu corazón no termine de romperse. Como si estuiveras enferma de algún cáncer terminal, pero tan profundo que los síntomas no alcanzan tu exterior. Te acostumbraste a morir lentamente y en silencio, porque de otra forma no habrías podido llegar hasta aquí.
Pero lo has hecho. Estás entera y en dos pies, si bien es cierto que por dentro la vida que llevas te hace sentir como un dibujo viejo y deslavado, cuya intención original no se recuerda nunca más. Como cuando encuentras un periódico viejo en la basura, amarillento y quebradizo, y te das cuenta de que una vez que dio lo que tenía que dar, información en su caso, fue desechado y desterrado hacia el olvido.
Porque una vez que el olvido llega, es que ya acabó la vida, como diría Elena y sus recuerdos.
Pero la vida sigue, y nada más de ver tu rostro cansado y tu cuerpo dejado te dan unas terribles ganas de llorar, con estertores y gritos, con ganas de desahogarte para intentar ignorar que algo dentro de ti se está pudriendo, algo que antes te dejaba ser tú misma pero no más. Ya no más. Y si te aguantas se te va juntando el rencor y las ganas de salir corriendo sin nada, sin avisar siquiera, sin decirle adiós nadie y con la sola certeza de que a donde sea que llegues, la soledad te mostrará su lado más sonriente, porque estaba esperando ese momento para comerte y encerrarte en su corazón oscuro, de donde nunca debiste salir pero del que sabe que vas y vienes, porque no estás dispuesta a entregarte. Ni siquiera a ella que te conoce desde siempre y te presta sus máscaras para sonreírle a la gente que te sonríe, aunque ganas no te faltaron para tirar al señor en muletas que no te dejaba avanzar. ¡Ah, la sociedad y sus normas!
Eres tan codiciosa que a pesar de que intentas expresar todo lo que te roba el aliento te lo guardas bajo el pretexto de no romper más corazones ni acumular más amargura, pero la verdad es que a tus 23 años te gustaría vivir junto a un río en una cabaña de madera, sin más que compañía que un gato, tus libros y tus pensamientos. Y la música que te hace llorar sin lágrimas y en silencio.





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