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Mostrando las entradas de junio, 2019

El Espasmo

Un día, sin esperarla, la tormenta que prometiste llegó. No fue vainilla, como soñaste, era corteza de limón, enebro y pesadillas.  Si cierro los ojos un momento puedo sentir la caricia del caos, los relámpagos tibios, aroma a muerte y petricor. Si me concentro puedo sentir el calor de la tierra cubriéndome, mi cuerpo deshecho en espuma y cadaverina. No sé hacer más, me desprendieron las sutilezas. A veces el espasmo me despierta a mitad de la noche, crece dentro de mí, me parte en dos y engendra un grito que muere al llegar a mis labios. Deja sólo su sabor a sangre y sal, muere y yo con el, me retuerzo, pierde sentido la realidad. Tan sólo sabe, si has de saber, que a veces es mejor no saberlo. Saber es el pánico y los ojos muertos y las sombras aformes de un sueño oscuro, una piedra preciosa y maldita cubierta de moho y violencia.  (Lo que más me desquicia es no entender porqué si el miedo no tiene carne aparece en la noche, tiene manos de asfixia. O será su propia...