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Instrucciones Para Perderse

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Para dejarse ir: Se necesita mucho o poco de lo que sobra y falta. De lo que se busca sin saber donde. Primero que nada: Un par de piernas fuertes, que carguen con todo y el peso de nuestros anhelos. Voluntad para que todo valga poco menos que un bledo. (Sí, que nos valga tanto y tan poco como para ver y abandonar) Se necesita tiempo. Y la inteligencia para perderlo. Porque es tan fácil ser un idiota inofensivo, y tan preocupante esta escasez de agallas y escarmiento que nos deja maleables y suavecitos. Como masa para hornear, como un simple punching bag. Para perderse primero hay que perder el miedo, y sobre todo, el remordimiento. Pero nunca la esperanza de, por ejemplo, cuando menos aprender a disfrutar el viaje. (Recuerda que la vida es eso que te pasa mientras viajas) Aunque claro: "algo que un día brilla también podrá repetirse". Pero siempre y cuando no se apague. Hasta el sol deslumbra y se está muriendo. Pero más que nada ...

Una carta de amor

Una Carta De Amor   Todo lo que de vos quisiera es tan poco en el fondo porque en el fondo es todo como un perro que pasa, una colina, esas cosas de nada, cotidianas, espiga y cabellera y dos terrones, el olor de tu cuerpo, lo que decís de cualquier cosa, conmigo o contra mía, todo eso es tan poco yo lo quiero de vos porque te quiero. Que mires más allá de mí, que me ames con violenta prescindencia del mañana, que el grito de tu entrega se estrelle en la cara de un jefe de oficina, y que el placer que juntos inventamos sea otro signo de la libertad. Julio Cortázar  Imagínate dos versos, de esos imaginarios que sólo dolecen en la oscuridad. Dos versos condenados a muerte por no poder ser escritos o hablados, que se decepcionan o se suicidan en un vaso con agua. Imagínate cómo sufren esos dos versos apretados, ellos tan frágiles y solemnes, reventando de sentimientos. ¡Pobres versos huérfanos, atormentados por las palabras comúnes y sin sentido, e...
Me perdí, desde hace doscientos años camino por las calles de mi pueblo buscándote, arrastrando las pesadas cadenas que como condenas van exhibiendo mi pecado. Cada noche te llamo, pedazo de mi alma, para que vengas a sacarme de este encierro, alma errante buscando al hombre que la perdió. Dios quiso que nos conociéramos para que me enseñaras a amar, aún cuando entre tus brazos conociera la perdición. Desde niña supe que estaríamos juntos, aún sin conocerte ya bailaba entre tus brazos, "esta muchacha acabará mal" decía mi nana, al verme girar por los pasillos de mi casa, danzando con tu amor invisible, soñando con tus besos imposibles. Te veía en el reflejo de mis ojos, apareciendo como sombrío conjuro que amenazaba las noches de mi sueño. Un día llegaste a mi pueblo, acompañado de tus hombres, y tu mujer. Brutalmente te adueñaste de nuestras vidas, sin compasión laceraste a mi gente y sus tierras. Todo porque el amor que yo debí darte lo buscaste en otra mujer, suave y deli...

Hace mucho que no nos vemos sonreír.

¿Qué pasa si te digo que tu sonrisa llega cada día para despertarme? De otra manera, no podría levantarme. Me quedaría en cama, esperando que me invites a salir. Sin embargo, creo que escogimos el momento equivocado para volvernos mezquinos. Tal vez tú no me creas, o no lo consideres importante, pero yo sí necesito un héroe. Alguien en quien confiar, que me salve de la rutina, que me lleve a pasear por las calles sucias de mi ciudad. Que no me grite, que no me pegue, y que me regale nieve sabor pay de manzana. Yo sí necesito héroes, ídolos de barro a quien adorar, jarritos de latón donde beber agua de jamaica, donadores de sangre, domadores de leones. No necesariamente, cabe aclarar, tienes que ser tú. No siempre tienes que ser tú.