Cáncer
Alguna vez te dije que al dolor hay que tomarlo, acunarlo y dejarlo ser. Eso era, claro, cuando el dolor podía existir sólo en mi mente. Ahora el dolor pulula a todas horas, en todo mi cuerpo. A veces es la cabeza por el exceso de cafeína con la que me sostengo durante el día, o por llorar por horas. Luego, es el brazo que arde y a veces parece que lo atraviesan agujas ardientes durante horas al azar. También el calor de los bochornos hace que quisiera arrancarme la piel y dejar de sentir este sofoco hastiante que me recuerda a lo que debieron sentir todas esas mujeres quemadas en la hoguera.
Tengo meses sin dormir bien. Ya no recuerdo la última vez que puse mi cabeza en la almohada sin tener que esperar horas para poder descansar. Si no es el calor es porque duele algo, o simplemente el insomnio se instala y todo es vago. Llega el día y yo estoy envuelta en humo y nada es claro. ¿Cuánto café puede consumir una persona antes de causarse un problema? Debe ser mucho más del que ya tomo. O debe ser que eso es lo menos importante ahora. Eso es lo mínimo a extrañar.
He sentido todas y cada una de mis células gritar. He sentido mi estómago comerse a sí mismo en una mezcla de náusea y disgusto. He visto mi cabello, pestañas y cejas caer como hojas de un tronco muerto. Eso soy ahora, un hueco, un vacío. La vida no puede ser así siempre, doloragoníainsomnioasco. Terror. Me repito día y noche, "esto no es tanto, esto no es lo peor que has vivido, ya pasará". Pero si no es lo peor, ¿cuándo termina? ¿Cuándo deja de desdoblarse y tomar más y más de mí? Por definición a eso se dedica, a crecer y robar partes de mí. Parece no saciarse. ¿Qué más puede querer? Me ha quitado literales partes de mi cuerpo y no se sacia, ¿qué sigue ahora?
Ahora tiene mi cordura. Mi corazón es un bosque que arde día y noche, y mi llanto no alcanza a apagarlo. ¿Estás ahí? ¿Qué necesitas de mí, qué más quieres? Ya no soy la misma de antes, nunca lo seré. Lo que seré parece no llegar y eso que solía darme esperanza es cada día más lejano. No le veo fin.
Yo no estoy hecha para el dolor, ya no. Vivir así no es vivir. Pretender ser fuerte no es lo mío. ¿Qué pasará por la mente de esas personas que me dicen, "eres fuerte, eres valiente!"? Claro que lo soy, siempre he tenido que serlo. ¿Que no ven que no hay opciones? La única opción es dejar que gane y olvidar que existe. Y esa, la que más me gusta, es la opción que todos niegan. Porque tengo que seguir. Porque la vida sigue y yo tengo que esforzarme por seguir viviendo. Esto no es lo peor que me ha pasado y definitivamente no será lo peor que puede pasarme. Pero se acerca. ¿Cómo escapas de algo que crece dentro de ti? ¿A dónde vas?
Supongamos que sí, sigo viviendo, sigo dejando que muchas manos me toquen, abran, me corten en tajos, me hagan trizas. Que me quemen la piel y de pasada los órganos que no han empezado a enfermar. Sigo acostándome en mesas frías rodeada de extraños que no me perciben como persona. Sólo soy un número de cama, de sillón, la hora de una cita, los resultados de un análisis. Un carrusel interminable del que no me puedo bajar. ¿Llamarías a eso vida? Pasear de hospital en hospital viendo a personas infinitamente peor que tú hasta que te conviertas en ellas.
La gente con cáncer se muere de cáncer. Si no es el cáncer mismo, son las metástasis, las operaciones, los efectos secundarios, el dolor. Y no, no te mueres tan rápido como quisieras. Tienes que marinarte en todo lo horrendo que puedas imaginar, tu boca llena de llagas, tu piel abriéndose en los pliegies, ardiendo. Tu cuerpo débil, a que nunca te has sentido así. No es cansancio, es la ausencia misma de vida. Tu cuerpo no puede contigo, sólo quieres dejarlo ir. Pero no se puede. Tienes que estar con él y sentir cada poro desnudo, cada centímetro de rabia, todo el asco. La gente con cáncer se muere de cáncer, con él o por él.