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A dying scream makes no sound.

Lo que sea que te hayan dicho anteriormente, no es cierto. Te han estado mintiendo. Sabes por qué? Porque yo lo niego. Me niego a que te refugies en mi memoria y robes todas esas cosas que ya habían encontrado su preciso sepulcro en el silencio, allí donde tu nombre ya no se descifra en el anverso de mis pensamientos. Allí, donde los sueños agonizantes escogen su rincón para pudrirse. Me niego, rotundamente, a que te pongas a pelear con la soberbia y el orgullo, para permanecer con tu presencia asquerosa y robarme lo poco o mucho que aún me queda de humana. "Si no vas a salvarme, no me hagas perder el tiempo." No te atrevas, te lo advierto. Porque, por si lo olvidas, aún sobrevives tatuado en mi sangre, recorriendo mi cuerpo tantas veces el día que a veces me detengo por el mareo de sentirte royendo mis entrañas. Te recuerdo que un simple golpe de navaja y desapareces de este mundo. Porque, por si lo habías olvidado (o te niegas a recordarlo), tú sobrevives porque yo so...

El Olvido

-Me llamo Mariana –dijo ella, con una sonrisa brillante, hermosa. -Yo soy Julián –le contesté también con una sonrisa, encantado de haberla encontrado. Mariana era muy hermosa, tenía los ojos verdes y el cabello largo y negro, una combinación bastante peculiar. El día que la conocí (que fue también el día en que me despedí de ella) vestía pantalón de mezclilla negro, una blusa a cuadros roja y tenis negros. Me parecía muy peculiar, pues a pesar de estar rodeados de gente que vestía más o menos igual ella parecía destacarse, aunque tal vez solo yo pudiera notarlo. Estaba ahí sólo para mí, y me gustaba. Ella estaba sentada en una banca de la plaza principal escuchando la música, y se veía seria, como si no lo estuviera disfrutando, no aplaudía al terminar las canciones. Sólo cuando el grupo terminó de tocar aplaudió y se levantó para acercarse al vocalista. Yo sentí que la iba a perder así que me levanté y fui tras de ella, y apenas alcancé a escuchar su conversación: -… y así, ése es el...
Me perdí, desde hace doscientos años camino por las calles de mi pueblo buscándote, arrastrando las pesadas cadenas que como condenas van exhibiendo mi pecado. Cada noche te llamo, pedazo de mi alma, para que vengas a sacarme de este encierro, alma errante buscando al hombre que la perdió. Dios quiso que nos conociéramos para que me enseñaras a amar, aún cuando entre tus brazos conociera la perdición. Desde niña supe que estaríamos juntos, aún sin conocerte ya bailaba entre tus brazos, "esta muchacha acabará mal" decía mi nana, al verme girar por los pasillos de mi casa, danzando con tu amor invisible, soñando con tus besos imposibles. Te veía en el reflejo de mis ojos, apareciendo como sombrío conjuro que amenazaba las noches de mi sueño. Un día llegaste a mi pueblo, acompañado de tus hombres, y tu mujer. Brutalmente te adueñaste de nuestras vidas, sin compasión laceraste a mi gente y sus tierras. Todo porque el amor que yo debí darte lo buscaste en otra mujer, suave y deli...