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Rue de cascades

No toda la gente tiene un don. No todo el mundo nace con ese poder de estremecerse a sí mismo al descubrirse revelado a través de los ojos de alguien más, que te descubre dentro de tu creación. Yo no sé si hay un don en mí, lo que sí sé es que me fascina esta posibilidad de escuchar una canción y sentir que una fibra muy dentro de mí, no sé bien dónde, se mueve y de mis manos brotan todas estas letras, sin aparente fin o gesto, sin un puente lineal que seguir. Sólo saliendo y brotando, avanzando sobre un documento en blanco, al escuchar una voz, y un piano. No sé bien de dónde viene todo esto, y a dónde va, pero por ejemplo, me dan ganas de escribir la más hermosa historia de amor, o de pedir perdón a todas las personas que he amado y lastimado. Incluso siento la valentía de plantarme frente a ti y darte un beso, aún después de tantos años de no vernos. Como si mis dedos recorrieran un piano en lugar de un teclado, como si todas estas palabras pudieran formar algún día una hermosa melo...

Esto se torna divertido...

¿Qué es la vida sino una guerra personal contra todo y todos? Anteriormente, he reflexionado sobre lo impersonal que tiende a volverse este mundo. Tal vez sea sólo yo, quien sabe. A veces veo cómo mis compañeras de trabajo rápidamente traban "amistad" con algunos clientes, entendiéndose por amistad que de repente se quedan platicando o bobeando con toda la tranquilidad. Como si se conocieran de años. Yo me he vuelto increíblemente perspicaz y desconfiada, no me gusta platicar con nadie que no sea de mi entorno. Lo cual alimenta mi increíble deseo de estar sola, pues a pesar de querer conocer nuevos amigos, la necesidad de pasar mi tiempo dormida me absorbe. Yo soy muy creyente de que el destino te manda señales. Como querer irte de viaje y que una tragedia familiar (creo que exagero) te ponga en duda, o como querer cambiar de actitud ante la vida y el psicólogo no vaya a trabajar. Ansiedad, tú y yo tendremos una larga amistad. No me quejo. Si acaso mi necesidad primordial es ...
Me perdí, desde hace doscientos años camino por las calles de mi pueblo buscándote, arrastrando las pesadas cadenas que como condenas van exhibiendo mi pecado. Cada noche te llamo, pedazo de mi alma, para que vengas a sacarme de este encierro, alma errante buscando al hombre que la perdió. Dios quiso que nos conociéramos para que me enseñaras a amar, aún cuando entre tus brazos conociera la perdición. Desde niña supe que estaríamos juntos, aún sin conocerte ya bailaba entre tus brazos, "esta muchacha acabará mal" decía mi nana, al verme girar por los pasillos de mi casa, danzando con tu amor invisible, soñando con tus besos imposibles. Te veía en el reflejo de mis ojos, apareciendo como sombrío conjuro que amenazaba las noches de mi sueño. Un día llegaste a mi pueblo, acompañado de tus hombres, y tu mujer. Brutalmente te adueñaste de nuestras vidas, sin compasión laceraste a mi gente y sus tierras. Todo porque el amor que yo debí darte lo buscaste en otra mujer, suave y deli...