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Mostrando las entradas de noviembre, 2012

La promesa perdida de un sueño roto

En las calles de Monterrey pasea una mujer alta, rubia y muy delgada. Su piel rosada está cubierta de andrajos de un olor pútrido, producto de la falta de limpieza que caracteriza a los indigentes. La veía con regularidad al pasar del trabajo a mi casa, siempre en una esquina y mirando hacia al cielo, como preguntándose cómo fue que la vida la llevó a una situación tan denigrante. A mí me sorprendía la belleza que se escondía bajo las capas de mugre y miseria y la profundidad de sus ojos azules. Siempre que pasaba dejaba una moneda o un billete, a veces un dulce, pensando en mitigar un poco su soledad y su hambre. Ella nunca me miraba, ni a las personas que pasaban a su lado. Contrariamente a lo que pasa con los indigentes, ella era la que nos ignoraba en el tráfico grosero de este mundo.  Un día al salir a comer no pude soportar la curiosidad y me acerqué a ella. En una bolsa de plástico llevaba un refresco y un sándwich, esperando ganarme su confia...