Cría recuerdos...
No te atengas a los recuerdos, porque son como los cuervos: si los crías y los conservas con cariño terminarán por sacarte los ojos. Y el corazón de pasada. Este es el trabajo que me corresponde:caminar entre la gente como mudo observador. Entre ellos tomo el papel de reclusa del silencio, como una muerta indiferente a los groseros sentidos que todavía los poseen. Todo se resume en una gruesa lápida que poco a poco se va extendiendo sobre mi pecho, volviéndome más ingenua y un poco torpe. ¿Sabes? Esto no se trata de pensar, sino de fluir. Dejar todo esto convertirse en letras palpables, tangibles, que en un futuro no muy lejano se puedan destruir. Esto es una calle con comercios, con gente que va pasando y pasando, un dos tres, un dos tres. El valse de la gente que en un mutismo se van dejando caer a pedazos sin darse cuenta. Ahí va un corazón destrozado, allá un hombre que perdió la razón por amor. Casi siempre son personas sin un destino definido. Me encanta estar aquí sentada, abusa...