Quedarse es morir.
Cuando lo ves desde Cortazar, el Cerro del Culiacán parece pequeño. O esa ha sido mi percepción desde que llegué de una tierra más al norte, donde las montañas nos encierran con su sombra protectora, donde el sol siempre sale y se va a dormir detrás de las piedras. Entonces, ver un "cerrito" al que los ancianos llaman Cuculhuacan Chicomostoc (en honor a los grandes viajeros de Aztlán) no me producía gran espasmo en el estómago. No me producía nada, en realidad. Es tradición que cada 1° de mayo la gente de todos los rincones de Guanajuato, y más allá, llegue a la Cañada de Caracheo y suba, y suba, hasta llegar a la cima, y allí danzarle a sus santos y agradecerles lo que la gente con fe suele agradecer. Llegan exhaustos a la pequeña capilla, a unos cuantos metros de las antenas de transmisión, y luego bajan a pie, en camioneta o en cuatrimoto, dependiendo de la condición física o la edad, pues desde bebés que apenas abrazan el pecho de sus madres, hasta abuelos que no saben si...