Entradas

El Espasmo

Un día, sin esperarla, la tormenta que prometiste llegó. No fue vainilla, como soñaste, era corteza de limón, enebro y pesadillas.  Si cierro los ojos un momento puedo sentir la caricia del caos, los relámpagos tibios, aroma a muerte y petricor. Si me concentro puedo sentir el calor de la tierra cubriéndome, mi cuerpo deshecho en espuma y cadaverina. No sé hacer más, me desprendieron las sutilezas. A veces el espasmo me despierta a mitad de la noche, crece dentro de mí, me parte en dos y engendra un grito que muere al llegar a mis labios. Deja sólo su sabor a sangre y sal, muere y yo con el, me retuerzo, pierde sentido la realidad. Tan sólo sabe, si has de saber, que a veces es mejor no saberlo. Saber es el pánico y los ojos muertos y las sombras aformes de un sueño oscuro, una piedra preciosa y maldita cubierta de moho y violencia.  (Lo que más me desquicia es no entender porqué si el miedo no tiene carne aparece en la noche, tiene manos de asfixia. O será su propia...

Miedo o abandono

Imagen
"París fue en realidad un recordatorio constante de la realidad. El cuarto con olor a anciano. Al principio me daba asco pisar descalza, luego me dio lo mismo. Luces que no funcionaban, paredes manchadas. Juntamos las camas para no sentir miedo, o abandono, ya no sé". Una vez te dije que no me da miedo el vacío. Vacío es caer y ser libre sin pensar en que abajo nos espera el impacto, la distorsión. El golpe es lo de menos, la muerte es para todos y ahí te voy a volver a ver. Sólo es cuestión de esperar a que el último sollozo se transforme en pólvora. Espero que estés ahí para seguir su camino y encender la última cerilla de tu bolsillo. Me muero de ganas de verte sonreír en ese microsegundo en que se apaga la llama y nace el incendio.
Fernando Pessoa   El libro del desasosiego (fragmento) "  Pedí tan poco a la vida y ese mismo poco la vida me lo negó. un haz de parte del sol, un campo próximo, un poco de sosiego con un poco de pan, no pesarme mucho el saber que existo, y no exigir nada de los otros ni ellos nada de mí. esto mismo me fue negado, como quien niega la limosna no por falta de buena alma, sino por tener que desabrocharse la chaqueta. Escribo, triste, en mi cuarto tranquilo, solo como siempre yo he estado, solo como siempre estaré. y pienso si mi voz, aparentemente tan poca cosa, no encarna la sustancia de millares de voces, el hambre de decirse de millares de vidas, la paciencia de millones de almas sometidas como la mía al destino cotidiano, al sueño inútil, a la esperanza sin vestigios. en estos momentos mi corazón late más alto por mi conciencia de él. vivo más porque vivo mayor. Siento en mi persona una fuerza religiosa, una especie de oración, un símil de clamor. pero mi reacción contra mi d...