Nada nuevo bajo el sol
No hay nada nuevo bajo el sol, incluso no hay sol, duerme como se supone duermen las gentes de bien, gentes de conciencia tranquila y manos limpias. La gente duerme. Yo estoy despierta. El clima está fresco, llovió durante la madrugada. Son las 05:15 a.m. y yo estoy de pie, aunque con ese aire derrotado que tantas madrugadas despierta dejaron en mi mirada. Un cigarro, un té (porque el café es pésimo para mi estómago) y el aroma de una noche con tierra mojada. Tantos recuerdos de una paz robada no me dejan dormir. Tantas noches iguales en distintos lugares: en el balcón de un departamento de un solo cuarto; afuera de un local, observando los escasos coches que atraviesan una avenida pequeña, y el pavimento mojado; sentado en un sofá viejo en la azotea de un edificio de tres pisos, con la ciudad en reposo y las luces de edificios no muy lejanos, y el anhelo de ver el mundo arder; bajo el techo de la puerta de una casa abandonada mientras la niebla baja y me cubre de espanto. Y ahora aquí...