Nada nuevo bajo el sol
No hay nada nuevo bajo el sol, incluso no hay sol, duerme como se supone duermen las gentes de bien, gentes de conciencia tranquila y manos limpias. La gente duerme. Yo estoy despierta. El clima está fresco, llovió durante la madrugada. Son las 05:15 a.m. y yo estoy de pie, aunque con ese aire derrotado que tantas madrugadas despierta dejaron en mi mirada. Un cigarro, un té (porque el café es pésimo para mi estómago) y el aroma de una noche con tierra mojada. Tantos recuerdos de una paz robada no me dejan dormir. Tantas noches iguales en distintos lugares: en el balcón de un departamento de un solo cuarto; afuera de un local, observando los escasos coches que atraviesan una avenida pequeña, y el pavimento mojado; sentado en un sofá viejo en la azotea de un edificio de tres pisos, con la ciudad en reposo y las luces de edificios no muy lejanos, y el anhelo de ver el mundo arder; bajo el techo de la puerta de una casa abandonada mientras la niebla baja y me cubre de espanto. Y ahora aquí, en la cocina mientras mi gato come y el hombre de mi vida sueña. A mí me ha dado tanto por soñar despierta que por las noches sólo llegan recuerdos, recuerdos dulces y amargos, de lo que pudo ser y no sucederá jamás, de lo que sucedió y afortunadamente no ha de volver.
Tantas lluvias han visto mis ojos que el sueño se le ha lavado. En mis noches sólo queda el insomnio y los ruidos leves que me intrigan, como los gallos que delatan las traiciones que sufrí y que forjé. Los aromas de la tierra húmeda, a veces fría y a veces ardiente, como los deseos consumados y los que están por llegar; si es que, en efecto, se han marchado o habrán de nacer. Las dudas que manchan mi asombro, las sombras que cobijan personajes de otros mundos, de otras vidas que parecen muy lejanas y que sin embargo son esta misma que me tocó vivir. Parecen cuentos, historias que de tanto contarlas ya perdieron su significado y su pertenencia: esas mujeres no son yo, y sin embargo yo las viví. Son parte de mí y me hacen ser quien soy, aunque de eso ya no esté muy segura.
“Yo ya he estado aquí otras veces”, es la idea que me asalta algunas noches, como en esta, y tantas situaciones y objetos me lo confirman (la lluvia, los cigarros, el té). Todos convergen y despiertan a las otras mujeres que hay en mí, las que ya anduvieron este camino y las que faltan por recorrer sus huellas.
A estas horas no tengo dudas o certezas, sólo recuerdos que fueron hecho que se terminaron siendo insomnios. La vida es un círculo. No hay nada nuevo bajo el sol.