Poemas como mariposas disecadas entre las hojas de un cuaderno.


No me digas que nunca osaste desafiar a la poesía
y despedirte de los versos,
nunca fuiste de sus brazos amante rendido,
mi poeta derramado.


Te me agotas como estrellas
que clavadas
desangran su luz
en el vacío del firmamento,

tocando tu piel e inundando tus pupilas.


No existe amor más hermoso

que aquél que se cultiva en la lejanía y en la soledad,

amor marcado y angustioso,

amor demente y demacrado.


Torrente de lágrimas que con codicia cubren tu rostro,
¡quién fuera lágrima tuya para morir entre tus labios!





Hacía mucho que no escribía tan poco y conciso, tan venido de a dentro y al mismo a menos.

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