Que no haría yo...
Con todo y todo, la vida continúa con su tránsito grosero sin tomarnos en cuenta. La gente sigue sus caminos y se siente feliz. O lo pretenden. Con todas las desgracias que pasan a todas horas tan lejos y tan cerca (a veces más cerca de lo que nos gustaría imaginar), nos dan ganas de tirar la toalla y rendirnos. Pero entonces recuerdo: acaso la vida no es una guerra personal contra todo y todos? Sí que lo es. Y uno tiene que defenderse porque en este mundo, nadie, lo va a hacer por ti. Nadie, a menos que exista alguien que te ame con tanta fuerza que fuera capaz de entregar su propia sangre con tal de preservar la tuya.
Yo no quiero que nadie lo haga por mí. En ese sentido, no tengo ninguna necesidad de sentirme amada. Mil veces prefiero recogerme en el silencio y en la soledad. No es nada grato vivir con la idea de que alguien te ama y debes amarlo y respetarlo en consecuencia. Pero, como bien dijo mi hermana, si eso es lo que sientes es porque no amas a esa persona. Y más daño le haces teniéndole a tu lado con la ilusión de que eso cambie alguna vez. Y no, no quiero ese tipo de compromiso en mi vida. Hoy se casa mi hermana y veo tanto estrés y tanta tristeza en su rostro que yo me pregunto, no se supone que una boda debe traer felicidad a una vida? Y veo que no es así... No me imagino enfrentándome a esa situación. No puedo, no quiero.
Aunque... bueno, no sé. Uno dice eso toda la vida hasta que finalmente conoce a la persona correcta y cambia de opinión. En mi humilde experiencia, yo me la vivo cambiando de opinión todo el tiempo. Qué no haría yo por cambiar eso! Sí, poder por fin dejar de estar en esta maceta que me queda tan chica y poder, por fin, estirar mis raíces en un lugar que por fin pueda considerar mi hogar. Un hogar para mí. Un lugar en el mundo que lleve mi nombre. Y crecer ahí a pesar de las adversidades.
Yo no quiero que nadie lo haga por mí. En ese sentido, no tengo ninguna necesidad de sentirme amada. Mil veces prefiero recogerme en el silencio y en la soledad. No es nada grato vivir con la idea de que alguien te ama y debes amarlo y respetarlo en consecuencia. Pero, como bien dijo mi hermana, si eso es lo que sientes es porque no amas a esa persona. Y más daño le haces teniéndole a tu lado con la ilusión de que eso cambie alguna vez. Y no, no quiero ese tipo de compromiso en mi vida. Hoy se casa mi hermana y veo tanto estrés y tanta tristeza en su rostro que yo me pregunto, no se supone que una boda debe traer felicidad a una vida? Y veo que no es así... No me imagino enfrentándome a esa situación. No puedo, no quiero.
Aunque... bueno, no sé. Uno dice eso toda la vida hasta que finalmente conoce a la persona correcta y cambia de opinión. En mi humilde experiencia, yo me la vivo cambiando de opinión todo el tiempo. Qué no haría yo por cambiar eso! Sí, poder por fin dejar de estar en esta maceta que me queda tan chica y poder, por fin, estirar mis raíces en un lugar que por fin pueda considerar mi hogar. Un hogar para mí. Un lugar en el mundo que lleve mi nombre. Y crecer ahí a pesar de las adversidades.
Mi mejor amigo en Xalapa solía decirme: "Hay que aprender a florecer". Creo que apenas lo empiezo a entender.
Entre tantas cosas más. Hay que aprender que a veces necesitamos que alguien venga y nos diga lo que podemos ser y a donde podemos llegar. Y de ahí decidir, y extendernos al sol y crecer.
Eso es la vida. Y que no haría yo por empezarla de nuevo.