Infidel to die for what I am doing
"He holds a certain gesture when we're loving to ask each other
Do you want it? Do you want me?"
Anoche cuando me acosté escuchaba música para así coinciliar el sueño, o al menos intentarlo, y sonó esa canción; y pensé en que era una lástima que estuvieras dormido. Pero sólo de esa manera me doy cuenta de las no-coincidencias que acontecen tan seguido que parecen una burla del destino.
¿Qué es el destino, a fin de cuentas?
¿Aquél que es decidido desde antes de nacer? ¿O el que nos forjamos cada día con nuestros actos, nuestras decisiones, nuestras no-coincidencias?
Como bien dirías tú, creo que la burla es hacia él, por hacernos nacer tan lejos, rodearnos de circunstancias que nos llevaron a la locura y ya dentro de ella dejar que nos encontráramos. No sabía lo que hacía, o tal vez sí. Lo importante es que ambos nos sabemos.
La locura, esa maravillosa amiga que nos mitiga la realidad, que nos enseña a admitirnos diferentes dentro de lo que nos rodea. Somos diferentes, y estamos solos. Y dentro esa soledad nos vamos dejando caer en un remolino, y en cada giro nos desprendemos de las capas superiores que sólo dejan un centro, un centro suave y delicado y por lo tanto vulnerable. No estamos exentos de daño, nunca, y por eso nos encerramos de nuevo, en torres, en nuestras casas, y a veces dentro de nuestra propia demencia.
Hubo un tiempo en que pensé que la luz dentro de mis ojos se había apagado, y me sentía orgullosa por ello. Creí que de ahí no volvería a salir y estaba bien. Pero dicen por ahí que hay una luz que nunca se apaga, y creo que es esa. Nunca nos apagamos, nos quedamos en piloto, en una llama tan baja que pasa desapercibida. Excepto para aquellos que buscan su calor.
La locura es circunstancial. Es un giro. Y después de tantos giros vine a aterrizar donde quería estar.
You are where I want to be.
Do you want it? Do you want me?"
Anoche cuando me acosté escuchaba música para así coinciliar el sueño, o al menos intentarlo, y sonó esa canción; y pensé en que era una lástima que estuvieras dormido. Pero sólo de esa manera me doy cuenta de las no-coincidencias que acontecen tan seguido que parecen una burla del destino.
¿Qué es el destino, a fin de cuentas?
¿Aquél que es decidido desde antes de nacer? ¿O el que nos forjamos cada día con nuestros actos, nuestras decisiones, nuestras no-coincidencias?
Como bien dirías tú, creo que la burla es hacia él, por hacernos nacer tan lejos, rodearnos de circunstancias que nos llevaron a la locura y ya dentro de ella dejar que nos encontráramos. No sabía lo que hacía, o tal vez sí. Lo importante es que ambos nos sabemos.
La locura, esa maravillosa amiga que nos mitiga la realidad, que nos enseña a admitirnos diferentes dentro de lo que nos rodea. Somos diferentes, y estamos solos. Y dentro esa soledad nos vamos dejando caer en un remolino, y en cada giro nos desprendemos de las capas superiores que sólo dejan un centro, un centro suave y delicado y por lo tanto vulnerable. No estamos exentos de daño, nunca, y por eso nos encerramos de nuevo, en torres, en nuestras casas, y a veces dentro de nuestra propia demencia.
Hubo un tiempo en que pensé que la luz dentro de mis ojos se había apagado, y me sentía orgullosa por ello. Creí que de ahí no volvería a salir y estaba bien. Pero dicen por ahí que hay una luz que nunca se apaga, y creo que es esa. Nunca nos apagamos, nos quedamos en piloto, en una llama tan baja que pasa desapercibida. Excepto para aquellos que buscan su calor.
La locura es circunstancial. Es un giro. Y después de tantos giros vine a aterrizar donde quería estar.
You are where I want to be.