Inspiración

Todos en la familia sabían que la tía Verónca era la mejor cuenta historias que se pudiera encontrar. Cada fin de semana, cuando toda la prole se reunía en casa de la abuela, se podía ver a sus quince sobrinos a su alrededor escuchando una de las tantas historias que la tía era capaz de hilar en el aire, como si finas hebras de plata brotaran de sus labios y fueran construyedo castillos y princesas y caballos blancos con su correspondiente príncipe blanco sobre el lomo. Todas las criaturas la observaban con admiración, además del brillo de orgullo que se podía mirar en los ojos de las dos niñas qu el tío Alfonso había hecho bien en prendarle debajo del ombligo.
También se sabía que la tía Verónica era una campeona del insomnio. Desde muy pequeña algo le sacudía los sueños y la dejaba divangando por las madrugadas. En eso se le habían ido las noches de su infancia y adolescencia, así que cuando le nacieron sus hijas los desvelos la tuvieron sin cuidado.
Uno de esos días, después de terminar una historia sobre zorros y gallinas correteando bajo un manzano, uno de los niños de su hermana Antonia tuvo la gracia de hacer la pregunta que picaba en la curiosidad de todos.
- Oiga tía Verónica, ¿de dónde saca esas historias?
- Pues de tantos desvelos.
- ¿Y por qué no duerme?
- Porque desde niña me tocó dormir cerca del cuarto de tus abuelos, y tu abuelo tenía los mismos ronquidos que una cabra enferma de las anginas. Y para mi desgracia, me tocó enamorarme de un hombre con la misma cabra atorada en la garganta. De tanto escucharlos y no poder dormir me ha dado por inventarme los sueños despierta.

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