-¡Eh! ¿Y tu mamá?
Yo estaba esperando el camión con el pequeño Flanders en brazos. Parece que el calor y algún otro secreto que no conozco son lo único que calma su llanto, miau miau miau.
-¡Eh! ¡Te estoy hablando! ¿No está tu mamá?
Una señora con acento más regio que las conchitas me está gritando desde su camioneta Land Rover color negro. Hay un niño no mayor de 10 años en el asiento del copiloto, y la parte trasera hay un cúmulo de objetos que van desde lo que parece un bulto de ropa a un microondas.
-¿Perdón?
-Estoy buscando a tu mamá, ¿no está?
Para este punto ya me estoy esforzando por recordar el rostro de esta mujer gritona a la que no le importa estar bloqueando el tráfico. Pienso en las vecinas chancludas que iban por sus hijos en la primaria de Escobedo.
-No señora, no la conozco.
-¿Cómo no vas a conocer a tu mamá?
Tiene que estar jugando. Para este punto Flanders ha empezado a maullar de nuevo y el aviso de una migraña empieza a palpitar detrás de mi ojo derecho.
-No, a la que no conozco es a usted.
-¿Cómo no? Me prestaban una casa allá por La Fe, era de tu mamá, háblale para que veas que ella sí se acuerda.
Nunca he tenido ni la más mínima idea de dónde queda La Fe.
-No señora, se está confundiendo.
-Que sí. Tu mamá me ayudó, me dio casa, me dio estudios, dile mijo.
Está buscando apoyo en el niño. El niño que no tiene más de 10 años y que de seguro es la primera vez que escucha de todo esto. Pon atención mocoso: estás por descubrir que tu madre no siempre tiene la razón.
-Ajá, dígame cómo se llama.
-¿Quién?
-Pues mi mamá.
-Esa es la cosa, que no me acuerdo.
¿Estoy dormida? ¿Me estará causando alergia este gato? De seguro el atún ya no estaba bueno y ahora estoy intoxicada.
-Entonces yo tampoco sé.
-No, pero... ¡Ella sí se ha de acordar de mí! Te digo que ella me dio escuela y...
-¿Mi mamá?
Mi mamá. La señora que una vez me dio una madriza con el palo de una escoba por no ir a la escuela un día que me quise quedar a jugar con mi hermanita recién nacida. Ponle tú que una nalgada sí me merecía, ¿pero con un palo de escoba?
-Jajaja, no creo que haya sido mi mamá.
Se queda seria. De seguro no está acostumbrada a que se rían en su cara. Voltea a ver al niño otra vez y le dice algo que no entiendo. De seguro alguna grosería hacia mi persona. Y ya arrancó. Atrás viene el camión. Me está doliendo la cabeza de puta madre.
Cáncer
Alguna vez te dije que al dolor hay que tomarlo, acunarlo y dejarlo ser. Eso era, claro, cuando el dolor podía existir sólo en mi mente. Ahora el dolor pulula a todas horas, en todo mi cuerpo. A veces es la cabeza por el exceso de cafeína con la que me sostengo durante el día, o por llorar por horas. Luego, es el brazo que arde y a veces parece que lo atraviesan agujas ardientes durante horas al azar. También el calor de los bochornos hace que quisiera arrancarme la piel y dejar de sentir este sofoco hastiante que me recuerda a lo que debieron sentir todas esas mujeres quemadas en la hoguera. Tengo meses sin dormir bien. Ya no recuerdo la última vez que puse mi cabeza en la almohada sin tener que esperar horas para poder descansar. Si no es el calor es porque duele algo, o simplemente el insomnio se instala y todo es vago. Llega el día y yo estoy envuelta en humo y nada es claro. ¿Cuánto café puede consumir una persona antes de causarse un problema? Debe ser mucho más del que ya tomo. ...