Desde hace años tengo el mismo sueño recurrente. Vivo en una casa localizada en una esquina, en el ultimo cuarto de una edificio de 4 pisos. Este cuarto está en la esquina exterior extrema de un edificio; no tengo un patio per se, pero tengo acceso a una esquina de la azotea donde puedo tender ropa. El cuarto en sí es una habitación abierta, con excepción de dos espacios pequeños donde existen aparte la regadera y el inodoro. Hay una terraza miniatura donde resguardo las plantas del alcance de los gatos, que gustan de mordisquear las orillas de las plantas trepadoras y los helechos. Vivo con un gato pequeño y rubio que sé perfectamente es Evo, aunque mi gato ya no es así de pequeño y esponjoso. Pero lo reconozco, es esa bolita de maullidos color miel que nunca ha dejado de quererme. Está conmigo hasta cuando no quiero estar conmigo misma.
En ese cuarto reina la penumbra, aún cuando tengo al menos cuatro ventanares altos con acceso a la calle; están cerrados y el aire está cargado de petricor. Mis posesiones son contadas pero aún así me siento más libre que nunca. En una mesa tengo una pequeña tornamesa portátil y de ella sale "On the level". Bailo con una figura alta y delgada, algo que apenas y alcanzo a tocar pero que huele a cobijo, a piel y limpieza, a una barba recién afeitada. Bailo con esa sombra y me dejo llevar; afuera apenas empieza a llover y tú y yo estamos fundidos en un abrazo improbable, pero tan real que si muevo un poco mi mano sobre tu hombro puedo sentir tu calor y un leve sobresalto, apenas perceptible pero real: es tu corazón saltando al contacto de mi piel, pero también alerta porque no quieres pisar al gato.


Hazme un favor. Cada que pienses en mí cambia el tema, apaga la música y vete a dormir. No vaya a ser que mi canción te persiga y te haga soñar conmigo, sentada en lo oscuro, escuchando la melodía de gotitas cayendo sobre los techos vecinos. Te estoy esperando para bailar una vez más, ¿no me hueles en la lluvia de media tarde?




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