Don't it beat a slow dance to death?

Annie, me pinté el cabello color rosa chicle. Un rosa chillón al que no estoy acostumbrada y de vez en cuando me espanta cuando de reojo mi reflejo se asoma en los vidrios. Llama la atención al caminar y a veces olvido que lo tengo, sobre todo cuando subo al camión y todos me ven y sólo pienso en su pésima educación y no en que mi cabello es una bomba rosa que amenaza con mancharlo todo (como mi toalla y mi baño).
Annie, no creo que este color me vaya bien; el cabello corto no me cae en cortina como a ti. Se me enrosca en las entradas y me da un aire de serafín punk. Siento que si consigo un suéter de lentejuelas podré ser joven y anciana al mismo tiempo. Un poco más de rubor carmesí y podré jugar bingo y pagar pasaje preferencial. Pero también siento que me da un aire enfermizo, y eso está bien. Paliducha, con el cigarro en la mano, añorando los años dulces de las modelos cocainómanas. Aunque mi cuerpo diste mucho de las elongadas nimiedades que fuera el cuerpo de Kate Moss en los noventas.
Hablando de modelos, Annie, ¿es por eso que no me miras? ¿Porque mi cintura no cabe entre tus dos delgadas manos y mis cejas no son pobladísimas? Debí platinar mi cabello y cortarlo al ras. También debería fumar más, para enronquecer mi tono de voz. Pero si todo eso pasa ya no te podré cargar ni sentarte sobre mis muslos para recargarte en mi pecho. Si eso pasa, ya no voy a ser yo, sino otro de esos cuerpos hegemónicos que no me representan en nada, o lo que es lo mismo voy a estar mucho más flaca pero igual no me vas a querer.
Ay Annie, ojalá un día pueda toparte afuera de una fiesta fancy en la que seguramente no podré entrar. Ojalá te encuentre bajo una farola, con un outfit perrísimo como el que llevabas en los premios Grammy del año pasado, bellísimo y provocador pero que te va a dejar con un frío del demonio. Te voy a prestar mi encendedor, te confesaré que aunque lo intento no se me da el vicio del cigarro por caro y apestoso, pero que bebo ginebra rosa escuchando tu voz, imaginando que tomo tu mano para sacarte de la pista al sofá. Yo también sueño con el plácido desliz de pies hacia la muerte. Ojalá la muerte se parezca a ti.
Con todo y eso Annie, hay algo que debo confesar: me pinté el cabello rosa chicle pensando en tus nalgas enfundadas en esas lycras neón, me hipnotiza esa pose de serpiente. Y eso nadie se lo imagina, a ti ni de chiste te pasa por la cabeza. Por eso hasta en mis días más pinches me basta con verme en el espejo y pensar: me veo tan suculenta como la cola de Annie Clark. Y eso me hace feliz.


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