Tuve ese sueño de nuevo. El cuarto donde convivo con un fantasma innombrable, las plantas colgando, la suave penumbra. El ambiente cargado de humedad ante la inminente lluvia. Todo se ve tal cual como en las otras ocasiones en que he soñado aquí, pero estoy sola. Hoy el cuarto es solo mío y del silencio. Si miro con atención la habitación está cubierta de polvo, de las paredes crece moho y los helechos en las macetas colgantes están muertos. No hay nada que me hable de amor o de tiempos mejores, ningún rincón guarda tu sombra. Estoy sola y mi sueño se cae a pedazos.

Me levanto de la cama, que suelta una nube de polvo. Puedo sentir la picazón en la nariz y como cruje el piso bajo mis pasos. Salgo al balcón, en un rincón hay un nido vacío que mi corazón no soporta ver. Estoy harta de ver este lugar así, tan sucio y triste. Estoy harta de que esto sea de alguien más y no solo mío, que no sea real, que tenga que rascar la pared para quitarle el olor a muerto. Quiero romper las paredes y el techo, quiero acabar con todo. 

Despierto y la casa está helada, afuera cae aguanieve y el corazón me pesa. ¿Hace cuánto que no tengo lugar en el mundo? ¿Cuándo fue que el frío de esta casa se filtró a mi sueño? No es posible conservar las cosas bellas y buenas, no cuando el frío y la muerte vienen de ti. De adentro 





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