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Siento que me estoy volviendo loca. Tengo tanto sueño que no sé si estoy dormida o despierta, y desde la azotea la ciudad se funde a mis pies. No estoy desesperada, para nada; ni siquiera me siento inquieta. Y si supiera que bajo mis pies no solo hay concreto, sino 3 pisos llenos de gente, esto ya estaría ardiendo. (Aquí un pequeño intermedio con un debraye sobre la muerte y la literatura.) Un poquito de esto, un poquito de lo otro, ya sabes que a mí la muerte no me tiene paciencia, me seduce con sus besos y yo me hago del rogar, pero la verdad es que estoy enamorada del fracaso, aunque me sea infiel con la desdicha. (De lo demás no creo que valga la pena hablar. A Dios sólo lo crucificaron, no creo que por eso sea más humano que yo.) De veras que ya no sé si sigo pacheca, o realmente ya me volví loca. La última es la buena. (Como me hubiera gustado llamarme Daphne. Cambiaré Isabel y Aura por Daphne, para que mi hija tenga ese nombre tan bonito y viajado.) Tan triste y violentamente ca...

Hace mucho que no nos vemos sonreír.

¿Qué pasa si te digo que tu sonrisa llega cada día para despertarme? De otra manera, no podría levantarme. Me quedaría en cama, esperando que me invites a salir. Sin embargo, creo que escogimos el momento equivocado para volvernos mezquinos. Tal vez tú no me creas, o no lo consideres importante, pero yo sí necesito un héroe. Alguien en quien confiar, que me salve de la rutina, que me lleve a pasear por las calles sucias de mi ciudad. Que no me grite, que no me pegue, y que me regale nieve sabor pay de manzana. Yo sí necesito héroes, ídolos de barro a quien adorar, jarritos de latón donde beber agua de jamaica, donadores de sangre, domadores de leones. No necesariamente, cabe aclarar, tienes que ser tú. No siempre tienes que ser tú.