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Inspiración

Todos en la familia sabían que la tía Verónca era la mejor cuenta historias que se pudiera encontrar. Cada fin de semana, cuando toda la prole se reunía en casa de la abuela, se podía ver a sus quince sobrinos a su alrededor escuchando una de las tantas historias que la tía era capaz de hilar en el aire, como si finas hebras de plata brotaran de sus labios y fueran construyedo castillos y princesas y caballos blancos con su correspondiente príncipe blanco sobre el lomo. Todas las criaturas la observaban con admiración, además del brillo de orgullo que se podía mirar en los ojos de las dos niñas qu el tío Alfonso había hecho bien en prendarle debajo del ombligo. También se sabía que la tía Verónica era una campeona del insomnio. Desde muy pequeña algo le sacudía los sueños y la dejaba divangando por las madrugadas. En eso se le habían ido las noches de su infancia y adolescencia, así que cuando le nacieron sus hijas los desvelos la tuvieron sin cuidado. Uno de esos días, después d...

Infidel to die for what I am doing

"He holds a certain gesture when we're loving to ask each other Do you want it? Do you want me?" Anoche cuando me acosté escuchaba música para así coinciliar el sueño, o al menos intentarlo, y sonó esa canción; y pensé en que era una lástima que estuvieras dormido. Pero sólo de esa manera me doy cuenta de las no-coincidencias que acontecen tan seguido que parecen una burla del destino. ¿Qué es el destino, a fin de cuentas? ¿Aquél que es decidido desde antes de nacer? ¿O el que nos forjamos cada día con nuestros actos, nuestras decisiones, nuestras no-coincidencias? Como bien dirías tú, creo que la burla es hacia él, por hacernos nacer tan lejos, rodearnos de circunstancias que nos llevaron a la locura y ya dentro de ella dejar que nos encontráramos. No sabía lo que hacía, o tal vez sí. Lo importante es que ambos nos sabemos. La locura, esa maravillosa amiga que nos mitiga la realidad, que nos enseña a admitirnos diferentes dentro de lo que nos rodea. Somos difere...

Lo cómodo de la vida misma.

Sé que estás ahí, porque estamos en silencio. Porque de maneras ciertamente tenues voy percibiendo tu respiración, tu aroma. Sé que estás sentado a mi lado, con la mirada perdida en el vacío. Yo estoy tremendamente quieta, porque sé que si me moviera un sólo centímetro caería irremediablemente en el vacío de tu deseo, completa esclava a tu merced. Le tengo miedo a la noche, a esos momentos en que el aire se vuelve terciopelo y te envuelve, y poco a poco te va asfixiando, hasta domarte. Hasta engullirte. Te vuelves víctima de la desgracia, porque poco a poco desapareces. Te disuelves en el silencio, y ¿qué ganas? ¿Libertad? No, si acaso unos tragos de whisky barato y los primeros síntomas de enfisema pulmonar. En este mundo ya no existe la libertad, y quien la busca se ve sobrecogido por el fracaso. Si he de ser sincera, me gusta el aire del amanecer, esa transición entre luz y sombra, ese juego de colores que tiñe al cielo primero de azul cobalto, luego de rosa tenue. Un nacim...