Hoguera

Amanecer en fuego. 


Desde anoche no dormí. la conspiración ya se fraguaba en mi pecho y no me dejaba respirar. Ya me avisaba de algo que vendría sin pies ni cabeza, porque eran míos, porque mi cuerpo tendría que darle la bienvenida y dejarlo respirar. No dormí aunque tuviera los ojos cerrados y respirara lentamente, aunque de día apenas si abrí los ojos y ya estaba sola en mi reino. 
Si duele el pecho no es por cansancio, es por tantos años de pesares acumulados a los que no les di su lugar. Amanecí dormida y sin aliento, y sin esperanzas de redención. 
Quiero pensar que si las llamas se alzan me apuntarán el camino hacia los cielos, hacia esa nada tan bellísima llamada universo. Ya había encontrado los primeros pasos pero me perdí. Dentro de todo, en mi corazón sobreviven brasas de eso que me condena pero al mismo tiempo me hace ser quien soy. No soy de carne y hueso aunque si me hiero sangro, eso lo sé. Pero mi sangre no es el tema de todo esto, aunque en ella viaje el fuego y me alcance de la cabeza a los pies.
Hoy amanecí en fuego, y no sé qué hacer con él. ¿Qué quiere de mí? Hacía tanto que no me movía las manos, pero no tiene a dónde salir. No hay escape para él. Pero vive, y se alza y entre sus llamas me voy quemando, por ahora lenta y delicadamente. 
No quiero apagarlo, aunque sea una más dentro de la multitud de la que tanto intenté escapar. No quiero lastimar a nadie a mi alrededor, pero necesito ser quien soy. Necesito ver a donde voy, y seguir el camino de la llama redentora.


Amanecí en fuego. Que el humo nos ampare, amor mío, porque se viene una tormenta. Soy yo y el fuego contra la circunstancia.

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