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Hoguera

Amanecer en fuego.  Desde anoche no dormí. la conspiración ya se fraguaba en mi pecho y no me dejaba respirar. Ya me avisaba de algo que vendría sin pies ni cabeza, porque eran míos, porque mi cuerpo tendría que darle la bienvenida y dejarlo respirar. No dormí aunque tuviera los ojos cerrados y respirara lentamente, aunque de día apenas si abrí los ojos y ya estaba sola en mi reino.  Si duele el pecho no es por cansancio, es por tantos años de pesares acumulados a los que no les di su lugar. Amanecí dormida y sin aliento, y sin esperanzas de redención.  Quiero pensar que si las llamas se alzan me apuntarán el camino hacia los cielos, hacia esa nada tan bellísima llamada universo. Ya había encontrado los primeros pasos pero me perdí. Dentro de todo, en mi corazón sobreviven brasas de eso que me condena pero al mismo tiempo me hace ser quien soy. No soy de carne y hueso aunque si me hiero sangro, eso lo sé. Pero mi sangre no es el tema de ...

Quedarse es morir.

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Cuando lo ves desde Cortazar, el Cerro del Culiacán parece pequeño. O esa ha sido mi percepción desde que llegué de una tierra más al norte, donde las montañas nos encierran con su sombra protectora, donde el sol siempre sale y se va a dormir detrás de las piedras. Entonces, ver un "cerrito" al que los ancianos llaman Cuculhuacan Chicomostoc (en honor a los grandes viajeros de Aztlán) no me producía gran espasmo en el estómago. No me producía nada, en realidad. Es tradición que cada 1° de mayo la gente de todos los rincones de Guanajuato, y más allá, llegue a la Cañada de Caracheo y suba, y suba, hasta llegar a la cima, y allí danzarle a sus santos y agradecerles lo que la gente con fe suele agradecer. Llegan exhaustos a la pequeña capilla, a unos cuantos metros de las antenas de transmisión, y luego bajan a pie, en camioneta o en cuatrimoto, dependiendo de la condición física o la edad, pues desde bebés que apenas abrazan el pecho de sus madres, hasta abuelos que no saben si...

Nada nuevo bajo el sol

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No hay nada nuevo bajo el sol, incluso no hay sol, duerme como se supone duermen las gentes de bien, gentes de conciencia tranquila y manos limpias. La gente duerme. Yo estoy despierta. El clima está fresco, llovió durante la madrugada. Son las 05:15 a.m. y yo estoy de pie, aunque con ese aire derrotado que tantas madrugadas despierta dejaron en mi mirada. Un cigarro, un té (porque el café es pésimo para mi estómago) y el aroma de una noche con tierra mojada. Tantos recuerdos de una paz robada no me dejan dormir. Tantas noches iguales en distintos lugares: en el balcón de un departamento de un solo cuarto; afuera de un local, observando los escasos coches que atraviesan una avenida pequeña, y el pavimento mojado; sentado en un sofá viejo en la azotea de un edificio de tres pisos, con la ciudad en reposo y las luces de edificios no muy lejanos, y el anhelo de ver el mundo arder; bajo el techo de la puerta de una casa abandonada mientras la niebla baja y me cubre de espanto. Y ahora aquí...