Entradas

3 p.m.

Imagen
 Tengo calor. Son las tres de la tarde del día 124 de cuarentena, y esto no tiene para cuando terminar. El aire es húmedo, pero en lugar de refrescar sólo me llena de sudor. Estoy harta de estar pegajosa y de bañarme 3 veces al día. Como mucha gente perdí mi empleo por el encierro; afortunadamente Dana, mi novia, aún conserva el suyo así que estamos cubiertas. Dana trabaja todo el día en la sala, en el escritorio improvisado que armamos con una mesa y una silla vieja. Se pasa casi todo el día tecleando en silencio, si acaso de repente suelta una risilla sarcástica o un resoplido; al principio solía preguntarle si todo estaba bien, hasta que Dana dejó de contestar. Cada vez contesta menos a mis preguntas o intentos por platicar; uno creería que pasar tanto tiempo juntas en este encierro nos daría tiempo para reconectar, pero no es así. Dana pasa casi todo el día ensimismada, a veces con audífonos, como si no me viera. Yo hago otras cosas durante el día y trato de no virar nuestra re...

The house cat knows when it's time

Imagen
Hace unos meses tuve una experiencia muy curiosa. L y yo nos comimos un cuadrito cada quien, y como siempre al principio hablamos mucho de muchas cosas, porque así es eso, te quita el miedo a expresar lo que sientes. Estábamos en la cama y empezó a darme sueño, cosa rara ya que casi siempre el cuadrito me da energía y el bajón viene 6 o 7 horas después. Me acosté boca abajo y Evo se subió en mi espalda; cerré los ojos y me concentré en sentir su pequeño cuerpo sobre mí.  Poco a poco dejé de escuchar lo que Luis decía hasta que me rodeó el silencio. Lo único que sentía era el calor del cuerpo de Evo, su pequeño corazón latiendo y emanando energía de su centro hacia mí. Me di cuenta de que no estaba respirando, no sentía mi pecho subir y bajar como costumbre; intenté abrir los ojos pero solo vi oscuridad. Una parte de mí quería gritar y despertar, pero otra me pedía concentrarme en Evo, en lo que era su cuerpo y su vida y su amor hacia mí. Cerré los ojos y me concentré en él hasta qu...

Me quedo

Imagen
Me quedo con el gris de tu mirada aciaga, lenta y fría, como cuando amanece después de llover toda la noche. Me quedo con tus manos, fuertes y delicadas al mismo tiempo, manos hechas para arrullar y acariciar, pero también para exterminar (la muerte es un asunto delicado que merece pericia). Me quedo con tu lengua, húmeda y palpitante, encantadora de versos y malicia, sedienta, sin sosiego. Me quedo con el postre que fueron tus besos, con el recuerdo de tu risa en la esquina más empolvada de mi casa. Me quedo con un mechón de tu cabello para usarlo de separador; a ver si así por fin termino esa novela de Vila-Matas. Me quedo con el gris de tu mirada. El resto de tu cuerpo, que ya también es gris, se lo dejo a la raíz del framboyán que floreció a mediados de marzo. Él también tiene derecho a su postre, cómo no.